¿Por qué una Dama Blanca para derrotar a los peones negros?

septiembre 15, 2006

damablanca2.jpg En el ajedrez antiguo la dama no existía como tal, pues no había ninguna pieza del género femenino en el ajedrez árabe. Su predecesora era una pieza a la que se han atribuido diferentes denominaciones regionales: fiz, ferz, firzan o alferza. Esta pieza representaba un general, visir o consejero real de gran poder, aunque en el juego su importancia era escasa ya que su capacidad de movimiento era muy limitada: se desplazaba en diagonales hacia adelante o hacia atrás pero sólo una casilla cada vez. No fue sino a finales del siglo XV, aproximadamente hacia 1475 en que se hicieron los últimos cambios significativos en el movimiento de las piezas, cuando la dama adquirió su género femenino, su nuevo nombre y su capacidad de movimiento actual. Según algunos historiadores este cambio se produjo en el Levante español, y la figura femenina tan poderosa en el juego sería un fiel reflejo del enorme poder ejercido por la reina de España Isabel la Católica. Sea como fuere, el caso es que desde aquel momento en que el irrelevante alferza se transformó en la potente dama, el juego del ajedrez cambió completamente, se hizo mucho más ágil y atractivo y se expandió rápidamente primero por la Europa del Renacimiento y posteriormente por el resto del mundo.

En la investigación del 11M ha llegado también el momento de cambiar el juego. Yo no voy a caer en el error de muchos que han menospreciado a los autodenominados “Peones Negros” He leído su blog y sus páginas, y estoy convencida de que son un enemigo duro de roer. Han desmenuzado el sumario de los atentados hoja por hoja y han aprovechado sus errores para inflar y dar peso a las teorías con las que Fernando Múgica y Luis del Pino les dan de comer.

Solo tienen un objetivo: destruir a Zapatero y con el a toda la izquierda y a los nacionalismos periféricos españoles. Y cualquiera que se sumerja en su blog se dará cuenta de que no se detendrán hasta conseguirlo. Por ello, es necesario impedirselo. Y su gran ventaja es que nadie lo ha intentado aún. Hasta ahora.

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